“Hoy no quiero palabras huecas”: Raquel Markus dedica poema a su país tras ataque de Hamás

 

HOY NO QUIERO PALABRAS HUECAS

Por Raquel Markus – Finckler

Hoy no quiero palabras huecas.

Hoy necesito que sean sinceras.

Hoy solicito oraciones certeras.

Palabras que pesen y encierren.

Semántica que marque una diferencia adentro y fuera de mí.

Frases que curen pesares,
construcciones que alivien temores, que sean consuelo
o elixir de amores.

Vocablos que lleguen directo,
que sumen certeza,
que calman la rabia,
y entiendan el ruego sincero
de una voz desgarrada.

Tan solo deseo que respeten el duelo.

La tristeza suplica
un espacio de calma.

Ya no sé contener estas lagrimas
que de tanta fluir están devaluadas.

¿Cómo hago para refrenar tantos gritos que de tanto esconderse
se han vuelto delirios?

No logro entender esta sangre sufrida que de tanto hervir se ha vuelto amarilla.

Quisiera seguir aferrada a mi fe
mientras ordeno a mi pecho que se olvide de arder.

No encuentro lugares para engañar la esperanza
para librarla del odio que aprieta las gargantas.

No acopio las fuerzas
para seguir caminando
en este mundo incierto,
con mil grietas en su centro,
con una antorcha viva que consume la fe,
con este miedo hambriento que se recuesta en la piel.

Aprieto los puños,
me muerdo la lengua,
me clavo las uñas
convoco al dolor.

Cualquier herejía hoy parece buena.

Cualquier pesadilla
es mejor que el temor.

Por eso hoy no quiero más palabras huecas.

Por eso hoy no quiero verdades a medias.

Prefiero la sal escociendo en la herida.

Prefiero llorar que pelearme con Dios.

Nota de la autora:

Escribo este poema a nueve días de empezada la guerra que un movimiento terrorista le declaró a mi pueblo, a mi país, a mi gente… Todos en Israel son mi familia. Todos los muertos son mis muertos. Todos los heridos son mis heridos. Todos los secuestrados me duelen y temo la suerte de cada uno de ellos. Soy judía y soy sionista. Estoy orgullosa de pertenecer al pueblo judío y de mi amor por el Estado judio. Pero ante todo soy miembro de la especie humana y a pesar de lo que dice mi poema ni mi sangre ni mis lágrimas son amarillas. Para entender lo que siento no es necesario ser judío, no es necesario ser israelí o ser simpatizante del pueblo o del Estado de Israel… tan solo hace falta ser, y no solo parecer, un humano.