José Ignacio Moreno León: La educación como nuevo nombre del poder

Un debate ausente en Venezuela

Como hemos señalado en entregas anteriores, las estadísticas del desarrollo de los países confirman la estrecha vinculación entre el progreso de naciones que, a pesar de sus limitaciones en recursos naturales han logrando notable avances y el esfuerzo que en esas sociedades se ha hecho impulsando sistemas educativos de excelencia. Por ello podemos destacar como algunos países, con menos recursos materiales que la mayoría de los de America Latina y el Caribe, han logrado importantes avances en el desarrollo humano sustentable, gracias a la promoción de sistemas educativos que responden a las demandas de las nuevas realidades creadas por la sociedad de la información y el conocimiento, en la que ya no son los recursos naturales ni las ventajas geográficas los factores del desarrollo, sino la educación y el capital social los artífices del progreso. Por eso podemos hablar de países pobres en recursos físicos pero que ahora son naciones ricas, gracias a sus avances educativos, en ciencia y tecnología y en la conformación de un sólido capital social, entendido como el activo colectivo fundamental que genera la confianza para trabajar juntos en grupos y organizaciones a fin de lograr los objetivos del desarrollo.

Dos ejemplos contrastantes que revelan lo anteriormente señalado lo constituyen por una parte Argentina y Venezuela, paises con abundancias de recursos y condiciones naturales pero que han sufrido un prolongado y notable deterioro por el pobre y poco transparente desempeño de gobiernos populistas y que no han sabido responder a las demandas de la creciente sociedad de la información y del conocimiento, por lo que han descuidado la educación y la formación del capital social; todo lo cual contrasta con países como Singapur y Japón, con casi nula dotacion de recursos o capital natural en sus territorios pero que, gracias al empeño de sus gobiernos y de la sociedad de los mismos en impulsar una educación de excelencia y de promoción de valores como la conciencia cívica, la asociatividad y el consenso moral y valores éticos , han logrado convertirse, en menos de cinco demás en naciones del primer mundo.

El señalamiento de estadísticas de organismos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional ilustra objetivamente lo anteriormente expuesto: Según el más reciente informe de estos organismo, mientras que el PIB percapita de Argentina fue de 10.729 $ y el de Venezuela 7.045 $, Japón registró un PIB percapita de 39.285 $ y Singapur 72.794 $. Igualmente son contrastantes los indicadores del desarrollo humano (IDH) que expresan los avances en términos de esperanza de vida, logros educativos, el ingreso y un nivel de vida decoroso expresado en el PIB percapita. Así mientras que el IDH de Argentina es en la actualidad 0.842 que se ubica en el nivel 47 y el de Venezuela según los datos de 2019 fue de 0.711 como el país 113 de los 189 países del mundo; estas referencias contrastan con el IDH de Japón 0.925 que lo coloca el puesto 19 y el de Singapur 0.939 en el lugar 12 dentro de los países con más elevados niveles de calidad de vida. Finalmente en el más reciente informe anual de Transparencia Internacional que señala los niveles de percepción de corrupción en el sector público, los contraste son dramáticos entre los dos grupos de países referidos. Singapuro se ubica en el escaño cuatro entre los países en los que prácticamente no se detecta corrupción, igualmente Japón ocupa un nivel privilegiado en el puesto 18; mientras que Argentina se sitúa en la posición 96 por su grado de percepción de corrupción pública y Venezuela está en la posición 177 entre los países más corruptos de la muestra de los 180 países que se incluyen en el informe, superada solo por Somalia, Siria y Sudán.

Conviene recordar que Singapur, una isla de apenas 700 km2 y 5.5 millones de habitantes, logró su independencia en 1963 naciendo como un país muy pobre, sin recursos naturales, con marcada inestabilidad social y agobiada por el desempleo, la pobreza, la corrupción, la malaria, el consumo de opio y una mano de obro poco calificada; sin embargo a pesar de esas críticas condiciones, en menos de cinco décadas el país se ha convertido en un destacado centro financiero mundial, con una pujante economía basada en el conocimiento, la marcada promoción de la transparencia en la gestión pública -corrupcion 0- y el impulso a la innovación y la creatividad, todo ello mediante un exitoso esfuerzo educativo.

En el caso de Japón, igualmente con muy limitados recusos naturales y desvastado como consecuencia de la Segunda Guerra mundial, para finales de la década de los años cincuenta del pasado siglo su PIB era muy inferior al de países como Argentina y Venezuela, pero gracias a su nueva visión del desarrollo con énfasis especial en la educación en valores y en el desarrollo científico y tecnológico, se ha colocado entre los países más industrializados y ricos del mundo superado solo por USA y China.

Los esfuerzos para lograr una educación de excelencia como soporte fundamental del extraordinario progreso de Singapur y Japón han colocado a estos dos paises en una ubicación privilegiada a nivel mundial. La educación primaria y secundaria en Singapur se ha impulsado fundamentada en el desarrollo de aptitudes, la meritocracia, la creatividad, el amprendimiento, la competitividad y la formación bilingiue, con amplio respaldo a los docentes. Y a nivel superior se ha logrado un sistema universitario de reconocimiento mundial, por lo que en el más reciente QS World University Ranking de 1500 universidades, dos universidades de Singapur se ubican entre las más prestigiosas del planeta, la National University en el lugar 11 y la Universidad Tecnológica en el lugar 19. Japón resalta igualmente por su exitoso modelo educativo basado en la pedagogía de educación en valores, el desarrollo científico y tecnológico y orientado a formar ciudadanos del mundo con dominio de cinco idiomas; también dos de sus universidades se destacan por su calidad, la Universidad de Tokyo en la ubicación 23 y la de Kyoto en la posición 36 del referido ranking global.

En el caso específico de Venezuela, cuyo marcado deterioro de su sistema educativo lo evidencian recientes estudios de la UCAB, la fundación Carvajal y otras instituciones especializadas, en los que se señala que en los últimos tres años hasta 2021 se había producido el alarmante abandono de las aulas de un 25% de los maestros y un 15% de los estudiantes de los niveles básico y medio, todo ello vinculado a los temas de migración y carencias en el hogar. Además se acusa el notable deterioro de la infraestructura e ineficiencia en los servicios de apoyo logístico en los planteles, los cuales en un 85% carecen de Internet y con graves deficiencias en el servicio eléctrico y de suministro de agua. Se resalta que de casi 11 millones de jóvenes entre 6 y 18 años solo asisten al colegio menos de 70%, lo que indica que además del grave deterioro, el sistema educativo está excluyendo a casi 3 millones que no han entrado a una escuela. Los mensionados informes señalan igualmente la pobre calidad de la educación primaria y media que, especialmente a nivel de la educación pública se está impartiendo en el país con deficiencias que se expresan en el aplazamiento de casi el 70% de estudiantes desde el 6º grado hasta el 5ºaño de bachillerado reprobados en la pruebas de comprensión de lectura y habilidades numéricas. Deficiencias similares se destacan en otros estudios relativos al estado de la educación superior que revelan notable crisis a nivel de la docencia y la infraestructura por el poco apoyo gubernamental que está ocasionando, entre otros males la fuga de docentes y científicos en la búsqueda de mejores oportunidades y remuneraciones más adecuadas que se ofrecen inclusive en otros países de la región.

Lo insólito es que frente a las dramáticas circunstancias que sufre el país y los ejemplos relevantes de países que han sabido responder a los retos de cambios de la revolución científica y tecnológica que caracteriza al presente siglo, el tema educativo luce ausente en el debate entre quienes detentan el poder y quienes aspiran, con visión cortoplacista, a ser gobernantes en un corto plazo, sin dar la debida consideración al radical cambio educativo requerido para la reconstrucción nacional y para que Venezuela pueda insertarse exitosamente en la nueva sociedad global, en la que ya no son ni el capital físico ni el capital natural los recursos fundamentales del progreso, ya que, como muy bien lo han comprendido las sociedades de Singapur y Japón, ahora el desarrollo se sustenta en el capital humano bien formado, en el capital intelectual promovido con la educación para escoger y generar conocimiento y en el capital social impulsado por una pedagogía de educación en valores como garante de una transparente y eficiente gobernabilidad democrática.

Todo lo anterior supone un magno esfuerzo educativo desde la familia y todo el sistema formal de educación hasta los medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil para impulsar, mediante una pedagogía de educación en valores, la autoestima personal como garantía de que las comunidades sean protagonistas en la satisfacción de sus necesidades y el reclamo de sus derechos; para promover igualmente la conciencia ciudadana, la empatía, la valoración de la ética y el desarrollo de la confianza interpersonal como el cambio de mentalidad requerido para romper con la cultura rentista, los vicios de populismo y el cancer de la corrupción que han sido los mayores escollos para lograr el progreso en Venezuela. Igualmente ese esfuerzo educativo debe orientarse al fomento del pensamiento crítico, la creatividad, el emprendimiento y el patriotismo para alcanzar la inserción exitosa del país en el complejo y cambiante mundo de la nueva economía global, superando las amenazas de globalismo y del progresismo que son peligros reales que deben considerarse en la defensa de la integridad de nuestro estado nacional.

No hay dudas que para lograr el profundo cambio que el país requiere a fin de alcanzar el desarrollo humano sostenible , la nueva educación debe ser la herramienta de apoyo fundamental del progreso, entendiendo, tal y como lo señalaba proféticamente Arturo Uslar Pietri que “En el futuro la educación será el nuevo nombre del poder”.