Gehard Cartay Ramírez: El debate necesario

César Pérez Vivas ha propuesto, con mucha razón y pertinencia, que la comisión organizadora de las elecciones primarias de la Plataforma Unitaria organice un debate entre los precandidatos, a los fines de que den a conocer sus ideas para gobernar.

Se trata de una tarea prioritaria que serviría de adecuado introito a la selección del candidato presidencial unitario de la mayoría de las fuerzas democráticas contrarias al régimen, al mismo tiempo que permitiría que cada precandidato explique lo que va a hacer al llegar a la presidencia de la República, especialmente durante el proceso de transición que se avecina, complicado y difícil.

Quienes vamos a votar en esas elecciones primarias tenemos el derecho a conocer las opiniones de cada precandidato presidencial, y estos están en el deber de exponerlas. El contexto político actual y posterior así lo demanda, tanto por las funciones constitucionales del próximo presidente como por la complejidad del ejercicio de gobierno que le corresponderá cumplir.

Hay que reivindicar el debate de ideas como un legítimo ejercicio de la acción política. No se puede continuar concibiendo a esta última como un torneo de frivolidades, una caravana de mediocridades, una feria de vanidades y menos aún como un simple activismo político anodino y huérfano de inspiración y mística.

Tampoco los debates tienen que ser confundidos con las discusiones descalificadoras, contentivas de insultos personales y de ofensas, y menos como sinónimo de una lucha cuerpo a cuerpo entre los contendientes para ver cómo se destruyen entre todos. Hoy en día, los debates electorales forman parte medular de toda elección democrática, porque les permiten a los electores conocer si los candidatos están o no preparados para la tarea de gobernar y si realmente reúnen las condiciones óptimas para hacerlo.

El ejercicio de la política conlleva necesariamente la lucha por el poder, pero si esa actividad está animada por propósitos honestos y transparentes su búsqueda y posterior asunción tienen que estar regidos por una extraordinaria vocación servicio a la persona humana y al bien común. Tamaño compromiso implica llegar al gobierno a trabajar por la gente y mejorar sus condiciones de vida, todo lo cual supone un programa de ejecutorias y realizaciones, a partir de un diagnóstico certero y de una voluntad por alcanzar las metas propuestas.

Resulta obvio señalar que este esfuerzo será colosal en todo sentido y requerirá un conductor preparado, capaz y corajudo, al frente de calificados equipos políticos y técnicos. Al describir las condiciones que debe reunir quien encabezará esa tarea como próximo presidente de la República no estamos hablando, por cierto, de “mesías” ni de “salvadores de la Patria”, ni de nada parecido, pues la experiencia señala que detrás de esas entelequias siempre se esconden fraudes, engañifas y mentiras, trágica experiencia de la que ya deberíamos estar hartos en todo sentido.

La realización de estos debates entre los precandidatos presidenciales que participarán en las elecciones primarias nos darán la justa medida para valorar en todo sentido sus capacidades, aptitudes y condiciones. Se trata entonces de un ejercicio fundamental del cual podría derivarse, además, un banco de ideas para la confección del programa de gobierno realizable y cumplible que el candidato finalmente elegido presentaría a los venezolanos.

Ya se sabe que la comisión organizadora de las elecciones primarias tiene un extraordinario trabajo por delante a fin de que tal compromiso resulte exitoso totalmente. Y sabemos también de las reconocidas condiciones de decencia y competencia que caracterizan a sus calificados miembros. Ojalá tomen en cuenta la propuesta de realización de los citados debates de ideas, y que estos puedan efectuarse en un plano de altura y también de profundidad de los temas tratados.

De manera, pues, que esta proposición del precandidato presidencial César Pérez Vivas –en mi opinión el más preparado y competente entre los que han anunciado su participación en las citadas primarias– constituye, sin duda alguna, un mecanismo idóneo y necesario, no sólo para elevar el debate de ideas en el campo opositor, sino también para valorar, insisto, las condiciones que debe tener el abanderado unitario en las venideras elecciones presidenciales.