De la otra intervención humanitaria, por Luis Barragán

Luis Barragán @LuisBarraganJ

En un par de ocasiones, a cámara plena, hemos invocado la necesidad de solicitar de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y a Cultura (UNESCO), su decidida participación para atender la emergencia en la que se encuentra la educación venezolana y, particularmente, la superior. Supone la aprobación legislativa e inmediata aplicación del artículo 187, 11 constitucional para una novedosa intervención humanitaria.

Por lo pronto, a iniciativa consiste en diligenciar importantes y considerables recursos financieros para contribuir a superar la debacle en la que se encuentra el aula en un país que despilfarró criminalmente cifras antes impensables, convertido el XXI en un festín de las camarillas ágrafas del poder. Además de la ayuda internacional en el campo de la alimentación y de la salud, o en el de la recuperación del aparato productivo, la requerimos para la reconstrucción de la infraestructura y el mejoramiento del ingreso real de los actores del proceso educativo.

E, igualmente, requerimos de misiones especializadas que nos actualicen urgentemente en el campo de la enseñanza, aportando a la concepción y adopción, estrategia y evaluación de nuevas y audaces políticas públicas que comprometan a las grandes mayorías hoy expulsadas de las aulas que, a lo sumo, sirven de escenario para cualesquiera plebiscitos fraudulentos del régimen. Muy bien se sabe, por ejemplo, del valioso asesoramiento dispensado por expertos extranjeros para la creación del Instituto Pedagógico de Caracas y otras entidades afines que, incluso, a la postre, hicieron nuestros a maestros como Juan David García Bacca e Ignacio Burk.

Por ello, en su momento, suscribimos una doble y sobria correspondencia a la citada instancia internacional de la que aún no tenemos respuesta planteándola en a corporación parlamentaria, sin suerte. Ésta tiene por agenda concreta el llamado a una inútil consulta, paralela a la cita falsamente electoral del régimen, en lugar de la discusión y atención por las específicas y realmente movilizadoras tareas que contribuyan a sincerar y a actuar sobre realidades, por siempre, inaplazables.

La omisión del liderazgo político promedio de la oposición, ayuda a la construcción de la sociedad ágrafa tan urgida por la dictadura socialista. Adjetivo de origen griego que, por cierto, supera su más elemental acepción, ampliando una significación que padecemos, porque el objetivo está en impedir toda reflexión suscitada por las amargas circunstancias que la disparan, en la natural búsqueda de un sentido y explicación de lo que personal y socialmente acaece.