Víctor Simone de la Cruz: QUO VADIS

Víctor Simone de la Cruz: QUO VADIS

ThumbnailVictorSimoneDeLaCruzUno de los grandes innovadores de las técnicas gerenciales modernas, el norteamericano de origen austríaco Peter Drucker,  decía que para el éxito de toda empresa era necesario identificar lo que él llamo la «gran meta» y una vez  los involucrados hubiesen digerido cual era el objetivo, todo el personal debía ponerse en marcha en pos de ese propósito.  Como ejemplo gráfico del mismo mostraba un dibujo donde figuraban dos carretas tiradas por caballos.   Una, con los animales caminando armoniosamente en una sola dirección, guiada por las  manos firmes de un buen gerente.  La otra se mostraba con las bestias tirando en diferentes direcciones, mientras las riendas eran sostenidas  por las manos trémulas de un gerente incapaz.  La misma simpleza de la teoría la hace obvia por evidente.

Otra anécdota del mismo Drucker se refiere a la ocasión cuando una noche conducía frente al edificio de la IBM en el estado de Nueva York.  De pronto  se percató que esa estructura no era la empresa, sólo era un cascarón vacío lleno de escritorios.  Ello lo llevó a asegurar que las empresas eran su gente, el equipo integrado por la fuerza laboral de la compañía. Una idea novedosa en una época durante la cual los empleados eran considerados un pasivo en vez de un activo.  Parece una tontería, pero al internalizarlo y extrapolarlo a un país, nos damos cuenta que una nación, más que el territorio son sus habitantes, con la cultura peculiar de ese país, costumbres, idiosincrasia y todo lo demás que identifica a un sujeto con su en un país extranjero.   En el campo empresarial no hay que ir tan lejos, podemos tomar como ejemplo a PDVSA, que a pesar de funcionar en el mismo edificio, no es la misma empresa como cuando la manejaban profesionales honestos.

Es difícil determinar donde Chávez le hizo el mayor daño a Venezuela, pero a falta de un dañómetro, no es tan aventurado asumir que fue cuando dividió al país en dos toletes.  Para quienes les cuesta reconocerle algún mérito a la MUD, en una muestra de hidalguía, deberían admitir que nuestros líderes saben que para labrar el futuro, es necesaria la reconciliación y por ello llaman a la unidad, al reencuentro y a perdonar a quienes fueron engañados, lo que no debe interpretarse como que no se llevarán ante la justicia a quienes han delinquido.





Pero si Chávez nos dividió, su legado y las torpezas de sus herederos nos han ayudado a reencontrarnos.  Ello no significa que el mandado esté hecho; al contrario, todavía queda mucho camino por recorrer.  La reconciliación pasa por acabar con el recelo existente entre la clase media y las clases populares.  Es común escuchar a miembros de la clase media empleando en la intimidad  adjetivos denigrantes para referirse a quienes comúnmente llamamos pueblo.  E igualmente, en las clases populares ocurre lo mismo, pero a la inversa.  Otra tarea difícil va a ser acabar con el  resentimiento que estimuló el difunto entre las clases populares.  A él jamás le importaron las consecuencias de sus actos y el mejor ejemplo de ello, es el haber bautizado escuálidos a la clase media e identificarla como la enemiga.

Muchos políticos de todas las tendencias  —pero especialmente de izquierda— de tanto repetirlo, nos han hecho creer que somos un país rico y que nuestro principal problema es el mal reparto de esa riqueza.  La verdad es que habitamos  un territorio con grandes recursos naturales, pero con un altísimo porcentaje de la población que nadie se ocupó de preparar para enfrentar los retos del siglo XXI.   Si miramos descarnadamente dentro de nosotros nos encontramos que somos un pueblo con dudosos valores, con escasa formación ciudadana, baja educación académica, sin mano de obra calificada, con muchos ciudadanos dependientes de papá gobierno, además de un largo etcétera.

El socialismo no educa.  Adoctrina al ciudadano con el fin de utilizarlo para perpetuarse en el poder.  Eternizan  la quimera que están construyendo al hombre nuevo y para que ese hombre sea nuevo debe aceptar y resignarse a vivir dentro en un mundo reglamentado por unos burócratas que piensan que ese mundo es el mejor para todos.  Pretenden encerrar al individuo dentro de una vida llena de todo tipo de limitaciones materiales, espirituales y mentales, además de anular toda posibilidad de desarrollo personal.  Y para domesticar a los inconformes, instauran un régimen represivo que persigue la disidencia y restringe la libre expresión de las ideas.      Las democracias modernas educan para dotar a los ciudadanos con las herramientas para que exploten al máximo todo su potencial, lo cual a su vez contribuye al progreso de la sociedad.  Ello, en un entorno de normas y valores que promueven la convivencia, el respeto y la justicia.

Para quienes piensan que este es el fin del chavismo, es recomendable que vuelvan sus miradas hacia  la Argentina, considerada por muchos como el país más culto de la América Latina.  Allá, a menudo las elecciones se disputan entre dos partidos peronistas.  Se llaman así por Juan Domingo Perón,  quien fue militar y el primer populista latinoamericano.  Él tiene el mérito de ser el principal responsable del empobrecimiento de la Argentina, país que en la década del 50 del siglo pasado estaba ubicado entre las 10 naciones más desarrolladas del planeta.  Hoy ocupa el puesto 59 de esa misma tabla.