Carlos Blanco: Guerra total

Carlos Blanco: Guerra total

Nicolás Maduro, sin discutir una coma, ha resuelto seguir la “hoja de ruta” cubana en contra de la oposición democrática: guerra a muerte. Desde la lomita de Miraflores, su particular Sierra Maestra, ha lanzado la proclama: “moderados, radicales, blanditos, españoles y canarios, contad con la muerte -aunque sólo sea política- aun siendo indiferentes. Rojos, vividores, cubanos, orteguianos (de la rama degenerada), tuertos y viejas (Pepe Mujica dixit), contad con la vida, aun siendo culpables”.

La derrota política y electoral del 14 de abril encendió las alarmas y el susto. Nicolás no logró la transustanciación del carisma portado por el pajarillo; mientras, las peleas cortesanas se incrementaron y los ejércitos de Su Majestad en vez de cuadrársele, voltearon hacia San Mateo en búsqueda de inspiración. Desde el inicio el madurismo-leninismo auguraba poca y lánguida vida. Fue en ese momento que se diseñó el objetivo de quebrarle el espinazo a la oposición. Sin contemplaciones, salvo con aquellos asomados dispuestos a sonreírle alguna gracia al Teniente Parlamentario. La estrategia es golpear de manera aplastante, brutal, a los principales dirigentes de la oposición.

En el gobierno saben que los elefantes no se comen de un solo bocado sino a pedacitos, pero los tipos andan atragantados para despachar rápido a los que se quieren almorzar. Aplican una estrategia de golpear en todos los frentes en forma simultánea para que el enemigo democrático no tenga tiempo de reaccionar: dale patadas en el cráneo, reviéntale las vísceras y exprímele el corazón, gritan con entusiasmo desde las gradas.





Los ex gobernadores de oposición están sometidos a investigación por esas camaradas que experimentan goces mórbidos al enviar a la cárcel a sus enemigos. Un grupo de parlamentarios está en el pórtico del cadalso rojo. Varios dirigentes políticos están amenazados por la cachiporra judicial. Mientras en la calle las unidades antimotines de la Guardia Nacional y la Policía Metropolitana, en conjunto con la desinteresada ayuda de los “colectivos”, apalean la protesta de los trabajadores, precisamente los que más sufren el experimento que acoquina a Venezuela.

LOS PARLAMENTARIOS. A los diputados les muestran la zanahoria, luego lanzan pedacitos a ver si caen y, si no, palo con ellos. El gobierno ha obtenido algunos logros con el procedimiento vegetariano; ciertos diputados o suplentes con ganas, han recibido una iluminación desde el más allá y han procedido a “comprender” que su conducta anterior -de oposición- era equivocada. Varios se zambullen sin miramientos en el corral que les ofrecen; otros tienen más comedimientos y entran en retroceso, como si estuvieran saliendo pero caminando hacia atrás para que no se note tanto. Pero a los demás, palo.

El caso de Richard Mardo es grotesco. El intento de allanarle su inmunidad es una exhibición pornográfica de los procederes de sus autores. Personajes que no tienen cómo explicar sus corbatas y calzados le exigen a Mardo que dé cuenta de un cheque forjado, empleado por Luisa Ortega Díaz para acusarlo. Se verá hasta dónde y cómo quieren llegar.

La “investigación” sobre el audio ilegal, editado y estrambótico en contra de María Corina Machado, a propósito de su conversación con Germán Carrera Damas es un siguiente paso cuya finalidad es también, como dice el hampa política, “neutralizarla” y si se pueden llevar en el Tren Transiberiano a Henrique Capriles y a Ramón Guillermo Aveledo, mejor todavía; lo harán si pueden. El nombre inicial de la Comisión con funciones de guillotina es una náusea y la lógica del proceso es evidente, los acusados ya son culpables, lo único adicional es un show entre otras cosas para que el diputado Jesús Farías proyecte su imagen como “duro” del oficialismo. Así podrían abrírsele otras puertas, que parece buscar con desesperación dada su hemorragia de declaraciones. La pantomima de juicio tiene el hedor estalinista propio de sus promotores: María Corina es responsable de promover un horribilísimo golpe de Estado, digamos que tan sangriento como el de Chávez en 1992, porque mencionó ese tema en la trucada conversación. No ignoran los sicarios rojos que lo del golpe de estado es asunto que se discute en cuarteles, academias, bares, arrabales y burdeles. Hasta Carmen Meléndez, la más reciente hija de Chávez y presumida Ministra, se ha referido al asunto de manera tan vigorosa como sospechosa.

A Capriles también se lo quieren llevar en los cachos. Sea por el miserable audio, sea porque el Consejo Legislativo de Miranda lo quiere arrinconar o sea porque se reúne con personajes que suscitan la repelencia del gobierno. Le reclaman que abandone Miranda, los mismos que aplauden el abandono de Nicolás en su viajadera a todo país que no quiera resistirse a su forzada visita. Cuentan que no lo invitan sino que la Cancillería anuncia a los gobiernos que Nicolás quiere dar una vuelta por allá; algunos han aceptado pero a poco de tenerlo se le dice discretamente a la delegación venezolana: “la visita tiene sueño”, para ver si el tipo se va más rápido.

¿DÓNDE ESTÁ PARADO EL GOBIERNO? El gobierno ha publicitado dos asuntos que podrían haber suscitado compromisos nacionales amplios, la lucha contra la inseguridad y la lucha contra la corrupción. Sin embargo, en vez de buscar acuerdos lo que hizo fue imposibilitarlos. Esta aparente contradicción muestra que esos temas son sólo combustible para las luchas internas, una manera de desplazar a unos y encumbrar a otros. El diálogo, tan deseable como es, se ha convertido en farsa sistemática del régimen para marear (a los no tan) incautos.

Las condiciones de lucha para la oposición son muy difíciles, sobre todo en escenarios en los que el gobierno quiere escoger a dedo con quienes “dialoga”, los que con frecuencia no son los dirigentes reconocidos de la oposición. El liderazgo democrático tiene que ver cómo hace para ponerle la mano en el pecho a la arrogancia, atropello y violencia desatados por el madurismo, que es chavismo en su fase de decadencia abierta así como de violencia terminal, militar, policial y judicial. No es evidente cómo hacerlo porque aun cuando existen condiciones sociales para ponerle un parao al régimen, no impera una dirección que esté unificada en la forma en la que hay que hacerlo. Asumir en la oposición la estrategia de guerra total no es posible porque el régimen tiene fuerza militar, policial, paramilitar y judicial que los demócratas no poseen; pero, no enfrentarlo y dejarlo a su descomposición espontánea es un suicidio. Dilemas como éste son los que hay que resolver y el intento de allanamiento de los parlamentarios viene a constituir un momento definitorio de las estrategias tanto del régimen como de los principales líderes de la oposición.

Tiempos muy ásperos los que corren… 

www.tiempodepalabra.com 

Twitter @carlosblancog